La introducción generalizada de las Nuevas Tecnologías de la
información y la comunicación en todos los ámbitos de nuestras vidas está
produciendo un cambio significativo en nuestra manera de trabajar, de
relacionarnos y de aprender. Como señala Castells (1986):
“un nuevo espectro recorre el mundo: las Nuevas Tecnologías. A
su conjuro ambivalente se concitan los temores y se alumbran las esperanzas de
nuestras sociedades en crisis. Se debate su contenido específico y se
desconocen en buena medida sus efectos precisos, pero nadie pone en duda su
importancia histórica y el cambio cualitativo que introducen en nuestro modo de
producir, de gestionar y de morir” (Castells, 1986 :13).
Las Nuevas Tecnologías se plantean así, como un hecho
trascendente y apremiante. En primer lugar, porque derivan de una aceleración
en los cambios y avances científico-técnicos y en segundo lugar, porque,
paradójicamente, provocan cambios de todo tipo en las estructuras sociales,
económicas, laborales e individuales. Esta situación trae aparejada la creación
de nuevos entornos de comunicación, tanto humanos como artificiales no
conocidos hasta la actualidad. Se establecen nuevas formas de integración de
los usuarios con las máquinas, se modifican los clásicos roles de receptor y
transmisor de información y el conocimiento contextualizado se construye en la
interacción que el sujeto y la máquina establecen. Así, el acceso y tratamiento
de la información sin barreras espacio-temporales y sin condicionamientos, trae
aparejado el surgimient
o de un nuevo concepto de mediación educativa que afecta
al modelo de relación entre el individuo, la cultura y la enseñanza (Martínez
Sánchez, 1996).
El rol de las Nuevas Tecnologías de la información en los
procesos de cambio social y cultural cobra particular relevancia en el ámbito
educativo. En este sentido, Edith Litwin (1995) sostiene que ciertas
concepciones sobre las reformas de los sistemas educativos en distintos países,
atribuyen a la incorporación de estos recursos un efecto determinante en la
mejora de la calidad del proceso enseñanza-aprendizaje. Las tecnologías de la
información se aplican al campo pedagógico con el objeto de racionalizar los
procesos educativos, mejorar los resultados del sistema escolar y asegurar el
acceso al mismo de grupos convencionalmente excluidos.
Sin embargo, para que las Nuevas Tecnologías de la información
se apliquen como Nuevas Tecnologías de la educación es preciso como señala
Vázquez Gómez (1987), que se cumplan ciertos requisitos básicos, tales como
contar con una adecuada fundamentación en modelos antropológicos, culturales y
educativos que favorezcan una intervención didáctica apropiada, además de una
adecuada formación de los profesores y otros especialistas de la educación.

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